Sumérgete en la historia de los baños árabes

Hammans, baños árabes, spas, saunas… De un tiempo a esta parte no dejan de surgir “centros de relax” y tratamiento en numerosas ciudades y centros urbanos. Los vemos como un espacio donde desconectar del mundanal ruido y en el que encontrar, a veces, tratamientos específicos como masajes e hidroterapia.  Pero el origen de los hammans y los baños árabes define estos espacios como un punto de encuentro social, cargado, eso sí, de sensaciones relajantes, sensuales y apetecibles.

Fue en la Edad Media cuando irrumpieron como un lujo al alcance de todos, y, gracias a la labor de los musulmanes, acabaron articulándose no solo como una opción de ocio sino como centro de reuniones para hombres y mujeres de todas las clases sociales, edades y religiones. Los baños se convirtieron así en uno de los lugares favoritos por parte de cristianos, musulmanes y judíos por igual, que se reunían para debatir y alcanzar acuerdos mercantiles o que simplemente entraban para relajarse un poco. Solo en la Córdoba de la época musulmana se contaban alrededor de 600 baños públicos.

Durante esta época, el agua no solo cumplía su función como elemento con el que lavarnos y seguir un ritual de higiene, si no que en prácticamente toda la mitología de numerosos pueblos, se le otorga una especial importancia como elemento purificador de energías y estados mentales. Al agua se le confiere, de alguna manera, ciertas propiedades mágicas y simbólicas que en el mundo árabe se concretan en sabiduría profunda y pureza.

La modernidad de nuestros tiempos retoma esta tradición y mantiene la disposición diseñada allá por la época de las termas romanas y mejorada con los baños árabes; resultando así en un circuito compuesto por la sala fría (frigidarium), la sala templada (tepidarium) y la caliente (caldarium). El ritual comienza por esta última sala, para que el cuerpo se aclimate y no reciba ningún tipo de shock, pasando después a la sala caliente en la que los músculos se relajarán al máximo. La sala fría se deja para el último lugar, y no por ser la más temida, sino porque terminar el circuito con un chorro generoso de agua helada hará que nuestros músculos y piel se tonifiquen.

Este circuito se puede repetir varias veces y, también, se puede combinar con distintos tratamientos de hidroterapia y masajes que traten las zonas del cuerpo que más nos interesen. Se trata sin duda, de un momento para disfrutar en calma de nosotros mismos, gracias a la pureza del agua y a unas termas decoradas con todo el encanto del mundo árabe.

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